En clínica, es habitual escuchar frases como “mi hijo se tropieza mucho” o “es muy torpe en el deporte, especialmente al correr, trepar o montar en bicicleta. Sin embargo, antes de asumir un diagnóstico de torpeza general, es esencial investigar el estado del sistema vestibular (SV), que es la base del equilibrio y la orientación espacial. En el capítulo “El desarrollo del sistema vestibular y del equilibrio” de Trastornos del neurodesarrollo (Elsevier, 2025), se expone con claridad cómo una maduración incompleta del SV puede manifestarse como problemas funcionales en niños, y no evaluarla puede hacer pasar desapercibidas causas subyacentes.
🎯 ¿Qué hace el sistema vestibular?
El SV —con sus estructuras periféricas (canales semicirculares y otolitos) y centrales (núcleos vestibulares en tronco y cerebelo)— detecta aceleraciones angulares y lineales de la cabeza, enviando información clave para:
- Estabilización de la mirada mediante el reflejo vestibuloocular (RVO).
- Regulación tónica y control postural a través del sistema vestibuloespinal.
- Integración multisensorial con propiocepción y visión para una percepción espacial precisa.
Un niño con SV inmaduro mostrará inestabilidad en la postura y dificultades para integrar estas señales, lo que se traduce en tropiezos frecuentes y falta de fluidez en movimientos fundamentales.
🧩 Signos clínicos que alertan
Algunos indicadores para sospechar inmadurez vestibular en la práctica clínica son:
- Tropiezos frecuentes: se caen más que sus compañeros, especialmente al correr o cambiar de dirección.
- Negativa a actividades dinámicas: evitan columpios, juegos con rotación (lanzar pelotas, giros sobre el propio eje).
- Miedo a alturas: hipersensibilidad a estímulos que implican cambios de orientación espacial.
- Retraso en hitos motores: dificultades para iniciar temporalmente el gateo, la marcha, el equilibrio unipodal.
El capítulo detalla que estos signos no solo son expresión de coordinación motora global, sino reflejo de un sistema vestibular que no está proporcionando señales estabilizadoras apropiadas al sistema nervioso central.
🔍 Evaluación clínica
Para abordar correctamente estas señales, es imprescindible:
- Historia clínica detallada: duración de tropiezos, contexto (actividades sedentarias vs. dinámicas), nivel de evitación de estímulos rotatorios.
- Observación funcional: marcha, equilibrio unipodal, integración de atención con movimiento.
- Pruebas específicas: screening funcional del equilibrio (test de Romberg modificado), evaluación de reacción a giros suaves, control del eje corporal durante desplazamientos.
Además, se recomienda observar posibles signos de disfunción vestibular central o periférica: nistagmos espontáneos, latencias anormales en RVO, o respuestas inadecuadas a pruebas de postura.
🔧 Intervención terapéutica
La intervención debe apuntar a madurar el sistema vestibular mediante estrategias estructuradas y progresivas:
- Estimulación dinámica controlada: balanceo rítmico y lento, giros suaves, inclinaciones controladas, siempre dentro de un margen sensorial tolerable.
- Integración sensorial y postural: ejercicios combinados que combinen visión, propiocepción y movimiento (p. ej. seguir con la mirada un objeto durante el balanceo).
- Progresión graduada: desde estímulos leves hacia actividades más complejas (columpios rotatorios, juegos de coordinación con balón).
- Contexto lúdico y educativo: los niños se motivan con juegos, carreras y retos adaptados a su nivel. Los padres deben entender que no se trata solo de ejercitar “las piernas”, sino de regular todo el sistema sensitivo-motor.
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🌱 Impacto en el neurodesarrollo
El vestibular no solo influye en el aspecto motor: la falta de maduración adecuada limita también la cognición espacial, la atención y regulación emocional. Un SV que no permite orientación segura condiciona la confianza, empeora la integración sensorial y afecta la autoestima y el comportamiento social del niño.
✔️ Conclusión
Un niño que tropieza frecuentemente podría estar indicando una inmadurez del sistema vestibular, y no solamente una condición motora. La evaluación y estimulación temprana del SV —como puedes leer en Trastornos del neurodesarrollo (Elsevier, 2025)— puede transformar significativamente su desarrollo motor, cognitivo y emocional. En los casos donde no se actúa sobre el SV, las intervenciones pueden quedar incompletas, reduciendo eficacia y dejando al niño en desventaja frente a sus pares.
Referencia bibliográfica Pastor, I. (2025). El desarrollo del sistema vestibular y del equilibrio. En Trastornos del neurodesarrollo . Barcelona: Elsevier.





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