La marcha infantil es un proceso en evolución que refleja la maduración del sistema neuromotor.
Dentro de las consultas frecuentes, la rotación interna de los pies —comúnmente descrita como
“meter los pies al caminar” suele generar preocupación en las familias.
Desde una perspectiva del desarrollo, en la mayoría de los casos se trata de una variación
esperable y transitoria, que forma parte del proceso de organización postural y motriz del niño.
Origen de la rotación interna
La presencia de este patrón puede estar vinculada a distintos factores, entre ellos:
◾️ Condicionantes intrauterinos, que influyen en la alineación inicial de los miembros
inferiores.
◾️ Rotaciones óseas fisiológicas, especialmente a nivel femoral o tibial, propias de los
primeros años.
◾️ Proceso de maduración neuromotora, en el que aún se están integrando el control
postural, el equilibrio y la coordinación.
Es importante comprender que estos elementos no actúan de forma aislada, sino que forman
parte de una organización global del movimiento.
Evolución esperada
La rotación interna de los pies se observa con mayor frecuencia entre los 2 y 5 años. En este
período, es habitual que el patrón se modifique progresivamente sin necesidad de intervención,
en paralelo al crecimiento y la maduración del niño.
Signos de alerta
Si bien en muchos casos se trata de una condición benigna, es importante considerar la
evaluación profesional cuando se observan:
◾️ Asimetrías en la marcha.
◾️ Caídas frecuentes o torpeza significativa.
◾️ Presencia de dolor.
◾️ Persistencia del patrón más allá de la edad esperada.
Estos indicadores requieren un análisis más específico dentro del contexto del desarrollo global.
Enfoque desde TMPI
Desde el enfoque TMPI, la observación de la marcha no se realiza de forma aislada. Se integra
dentro de una valoración más amplia que contempla:
◾️ La organización postural.
◾️ La calidad del movimiento.
◾️ El tono muscular.
◾️ La interacción con el entorno.
Este abordaje permite diferenciar entre variaciones evolutivas y posibles dificultades en el
desarrollo, orientando así la necesidad o no de intervención.
Acompañar el desarrollo implica comprender sus tiempos, evitando intervenciones innecesarias
y favoreciendo un entorno que promueva la organización motriz del niño.
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