Muchos fisioterapeutas trabajan el movimiento.
Pero no todos trabajan desde el sistema que lo organiza.
El sistema vestibular no genera movimiento por sí mismo.
Le da contexto, dirección y sentido.
Cuando no lo integramos en nuestra evaluación, corremos el riesgo de:
– interpretar la torpeza como falta de práctica
– confundir inseguridad postural con conducta
– sobre estimular sistemas que ya están sobrecargados
¿Qué cambia cuando el vestibular entra en el razonamiento clínico?
– Entendemos por qué algunos niños necesitan mirar constantemente para moverse
– Comprendemos la relación entre estabilidad cefálica, estabilidad visual y atención
– Ajustamos mejor la dosificación del movimiento
– Elegimos con más criterio el tipo de estímulo (lineal, rotacional, postural)
Desde el punto de vista neurofisiológico, el vestibular mantiene una conexión directa con estructuras subcorticales y corticales implicadas en:
– control postural (vías vestíbulo-espinales)
– estabilidad de la mirada (VOR)
– regulación autonómica
– atención y alerta
Esto explica por qué un mismo estímulo puede ser facilitador en un niño y desorganizante en otro.
Error frecuente en clínica
Aplicar movimiento sin tener en cuenta:
– el momento evolutivo
– la capacidad de integración del sistema
– la interacción con visión y propiocepción
Mirada clínica madura
El sistema vestibular no se “activa”.
Se integra progresivamente, respetando la respuesta del sistema nervioso.
Referencias clave
Rine RM et al. Vestibular function and motor proficiency in children. Journal of Vestibular Research, 2004.
Clark JE, Metcalfe JS. The mountain of motor development. Motor Development: Research and Reviews, 2002.
Assaiante C et al. Development of postural control in children. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 2014.




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